Tal vez mi amigo tenga razón cuando dice que los políticos saben muy bien que este camino de la democracia que emprendimos hace treinta años no puede mantener el ritmo trepidante de gasto descontrolado y enriquecimiento galopante que llevan a cabo.
Y me da razones para convencerme de que ellos son conscientes del hecho, porque siendo torpes, no lo son tanto como para no saber barrer para casa.
Yo acabo reconociéndole la razón, y entonces pienso que si es así, están haciendo algo incorrecto a sabiendas. O sea, son unos malvados. Se están enriqueciendo a costa de los demás.
Es posible que alguno de ellos no sea corrupto y no esté enrriqueciéndose, pero si está viendo que un compañero lo está haciendo y no lo denuncia, entonces es un incauto.
Pero es que además de llenar a espuertas sus propios bolsillos, están colmando de deudas las instituciones que representan, tanto ayuntamientos como comunidades y el mismo gobierno. Y yo me pregunto: ¿tendrán intención de saldarlas algún día?
Y mi amigo sale de nuevo al encuentro para aclararme que muchos políticos consideran esta profesión como algo pasajero, y por eso quieren llenar sus bolsillos privados rápidamente, y las deudas que contraiga la institución ya vendrán otros a saldarlas.
Ante mi incredulidad, mi amigo dice que soy un inocente.
Buscar este blog
miércoles, 31 de marzo de 2010
martes, 30 de marzo de 2010
LOS NIÑOS
Los niños son muy ricos, son una preciosidad, son un don del cielo... ¿quién no ha escuchado alguna de estas frases, o parecidas, en más de una ocasión? ¿Y quién no ha expresado algo así como: "qué guapo es. Se parece a su..." aunque el niño sea feo y no tenga ningún rasgo de sus progenitores?
Lo peor, no obstante, llega cuando ese niño que es una bendición y no tiene ningún parecido con... ha crecido y allá a donde va con sus padres se comporta como un salvaje, las más veces con el beneplácito de sus creadores, ¡oiga! y no se atreva usted a insinuar que no está bien lo que está haciendo el pequeño energúmeno, porque si lo oyen los padres es posible que usted tenga que soportar una lluvia de insultos o como mínimo una acalorada discusión.
El chico, de continuar así acabará rompiendo la silla.
¡Y a usted que le importa! ¿Acaso es suya?
Pero usted puede evitarlo no diciendo nada, o mirarando hacia otra parte, o simplemente mentir y exclamar con una amplia sonrisa: "Ay, qué niño más mono".
Y es que en nuestra sociedad se ha instalado el principio de que los niños son intocables y por lo tanto les está permitido todo.
Y que nadie ose reprenderlos porque si no, estará enfrentándose a lo políticamente correcto.
¡Qué barbaridad!
Lo peor, no obstante, llega cuando ese niño que es una bendición y no tiene ningún parecido con... ha crecido y allá a donde va con sus padres se comporta como un salvaje, las más veces con el beneplácito de sus creadores, ¡oiga! y no se atreva usted a insinuar que no está bien lo que está haciendo el pequeño energúmeno, porque si lo oyen los padres es posible que usted tenga que soportar una lluvia de insultos o como mínimo una acalorada discusión.
El chico, de continuar así acabará rompiendo la silla.
¡Y a usted que le importa! ¿Acaso es suya?
Pero usted puede evitarlo no diciendo nada, o mirarando hacia otra parte, o simplemente mentir y exclamar con una amplia sonrisa: "Ay, qué niño más mono".
Y es que en nuestra sociedad se ha instalado el principio de que los niños son intocables y por lo tanto les está permitido todo.
Y que nadie ose reprenderlos porque si no, estará enfrentándose a lo políticamente correcto.
¡Qué barbaridad!
jueves, 25 de marzo de 2010
NUEVOS RICOS
No hace todavía muchos años se hablaba bastante, y bastante mal, hasta con menosprecio, de esos que en poco tiempo se habían hecho ricos, y que a pesar del dinero acumulado continuaban siendo patanes y sin saber hacer la o con un canuto.
Hoy apenas se oyen expresiones de menosprecio hacia esa clase de profesiones libres, variopinta, de pequeños industriales y comerciantes, convertidos en nuevos ricos, fuente de inspiración para envidiosos y resentidos.
"Sí, han hecho dinero pero si abren la boca te tiran de espaldas, porque ni hablar saben" - se decía.
Bien, es posible que fuera así, pero al menos trabajaban. Y si habían hecho dinero era con su esfuerzo. No eran de los más aplicados en cuanto a conocimientos culturales, tal vez, pero habían empleado el tiempo haciendo algo de provecho.
En cambio ahora, los nuevos ricos que han reemplazado a aquellos, tampoco despuntan en la cuestión cultural. Si cabe, son peor que los otros, porque encima se las dan de sabiondos.
Algo, no obstante, tienen en común: también hacen dinero a espuertas. Aunque difieren en lo esencial, aquellos hacían dinero trabajando, con su esfuerzo. Estos, en cambio, se las han apañado para conseguirlo sin trabajar, sin esfuerzo. Solo han tenido que enrolarse en un partido político.
... Y ahora que lo pienso, serán incultos, pero a pillos pocos les ganan, porque hacer dinero sin...
Hoy apenas se oyen expresiones de menosprecio hacia esa clase de profesiones libres, variopinta, de pequeños industriales y comerciantes, convertidos en nuevos ricos, fuente de inspiración para envidiosos y resentidos.
"Sí, han hecho dinero pero si abren la boca te tiran de espaldas, porque ni hablar saben" - se decía.
Bien, es posible que fuera así, pero al menos trabajaban. Y si habían hecho dinero era con su esfuerzo. No eran de los más aplicados en cuanto a conocimientos culturales, tal vez, pero habían empleado el tiempo haciendo algo de provecho.
En cambio ahora, los nuevos ricos que han reemplazado a aquellos, tampoco despuntan en la cuestión cultural. Si cabe, son peor que los otros, porque encima se las dan de sabiondos.
Algo, no obstante, tienen en común: también hacen dinero a espuertas. Aunque difieren en lo esencial, aquellos hacían dinero trabajando, con su esfuerzo. Estos, en cambio, se las han apañado para conseguirlo sin trabajar, sin esfuerzo. Solo han tenido que enrolarse en un partido político.
... Y ahora que lo pienso, serán incultos, pero a pillos pocos les ganan, porque hacer dinero sin...
LAS BATALLITAS
Dicen que cuando uno se hace mayor siempre está contando batallitas. A veces la expresión viene acompañada de cierta sonrisa de... cansancio, como de hastío.
Generalmente son los jóvenes quienes con su impaciencia, cuando han escuchado una vez la anécdota, vorverla a escuchar les irrita.
Es natural, ellos tienen toda la vida por delante, es decir, todavía no pueden contar nada de su propia experiencia, lo tienen todo por hacer, por lo que no pueden contar batallitas, y tal vez por eso les es tan difícil comprender los motivos que inducen al anciano a hablar de sus recuerdos.
En cambio, a los mayores les quedan pocas expectativas de hacer muchas más cosas en la vida, en cualquier caso muchas menos de las que ya han hecho, por eso muchos de ellos se recrean contando sus vivencias, unas veces con nostalgia, otras con pena, y otras con alegría, depende del caso, del día o del estado de ánimo.
Es posible que alguno de esos mayores no sean conscientes de que repetirse en exceso puede aburrir a las ostras, pero también es pocible que a alguno de esos jóvenes les falte la delicadeza y la paciencia para aprender de la experiencia de los mayores.
Generalmente son los jóvenes quienes con su impaciencia, cuando han escuchado una vez la anécdota, vorverla a escuchar les irrita.
Es natural, ellos tienen toda la vida por delante, es decir, todavía no pueden contar nada de su propia experiencia, lo tienen todo por hacer, por lo que no pueden contar batallitas, y tal vez por eso les es tan difícil comprender los motivos que inducen al anciano a hablar de sus recuerdos.
En cambio, a los mayores les quedan pocas expectativas de hacer muchas más cosas en la vida, en cualquier caso muchas menos de las que ya han hecho, por eso muchos de ellos se recrean contando sus vivencias, unas veces con nostalgia, otras con pena, y otras con alegría, depende del caso, del día o del estado de ánimo.
Es posible que alguno de esos mayores no sean conscientes de que repetirse en exceso puede aburrir a las ostras, pero también es pocible que a alguno de esos jóvenes les falte la delicadeza y la paciencia para aprender de la experiencia de los mayores.
miércoles, 24 de marzo de 2010
AZUL CELESTE
Esta frase es una expresión que desde hace mucho tiempo ha caído en desuso, como otras muchas cosas, lamentablemente.
Sin embargo, otras con la misma raíz continuan en el vocabulario de la gente, y no precisamente con menos profusión que años atrás. Tenemos, por ejemplo, cielo encapotado, cielo azul... que usamos siempre mirando arriba, al firmamento. Al cielo, en una palabra.
Incluso cuando nos enteramos de la muerte de un conocido y hacemos uso de esas expresiones típicas de condolencia, como por ejemplo, que Dios lo tenga en su seno, eninstintivamente miramos arriba, al cielo.
Y es que hasta hace muy poco, cuando se nos explicaba sobre la próxima vida, siempre se nos dio a entender que el cielo estaba arriba, mientras que el infierno se hallaba en las profundas entrañas de la tierra.
Después llegó la época en que todo había que cuestionarlo. ¿El cielo? ¿Quién lo ha visto? ¿Dónde está? y todo un rosario de planteamientos, despectivos las más veces. Solo porque la moda indicaba ir en contra de lo establecido.
Y no obstante, en la actualidad hasta el más incrédulo continua diciendo, y hasta con alegría cuando abre la ventana por la mañana y ve un día espléndido, diáfano: "¡Qué cielo tan azul tenemos hoy!
Sin embargo, otras con la misma raíz continuan en el vocabulario de la gente, y no precisamente con menos profusión que años atrás. Tenemos, por ejemplo, cielo encapotado, cielo azul... que usamos siempre mirando arriba, al firmamento. Al cielo, en una palabra.
Incluso cuando nos enteramos de la muerte de un conocido y hacemos uso de esas expresiones típicas de condolencia, como por ejemplo, que Dios lo tenga en su seno, eninstintivamente miramos arriba, al cielo.
Y es que hasta hace muy poco, cuando se nos explicaba sobre la próxima vida, siempre se nos dio a entender que el cielo estaba arriba, mientras que el infierno se hallaba en las profundas entrañas de la tierra.
Después llegó la época en que todo había que cuestionarlo. ¿El cielo? ¿Quién lo ha visto? ¿Dónde está? y todo un rosario de planteamientos, despectivos las más veces. Solo porque la moda indicaba ir en contra de lo establecido.
Y no obstante, en la actualidad hasta el más incrédulo continua diciendo, y hasta con alegría cuando abre la ventana por la mañana y ve un día espléndido, diáfano: "¡Qué cielo tan azul tenemos hoy!
martes, 23 de marzo de 2010
ADELANTOS
A estas alturas creo que a nadie se le escapa que la informática, o mejor sería decir internet, ha venido a cambiar nuestro modo de vida. Ha sido un paso más de los que en los últimos años, quizás de dos generaciones a esta parte, han irrumpido como un revulsivo en la sociedad.
Cuando aparecieron los primeros adelantos técnicos, la gente asumía la novedad sin ser consciente del cambio que originaba en su vida. Nuevos hábitos que, sin pretenderlo iban desplazando a los antiguos.
Cuando se popularizó el teléfono, por ejemplo, la transmisión de mensajes redujo muchas caminatas, habituales y necesarias hasta entonces. El cine trajo un cambio enorme en el modo de distraerse, aparte de los conocimientos que se adquirían con pasmosa facilidad.
La facilidad de viajar no queda ajeno a estos adelantos.
Qué diremos de la televisión; de esa ventana abierta al mundo, que desde un principio todo el mundo hablaba de revolución social.
Y ahora tenemos el movil e internet, con tendencia a unificarse.
Adelantos que hemos de reconocer que han cambiado el mundo.
Dos cosas, sin embargo, me llaman la atención de todo lo conseguido. La primera es que los adelantos son exclusivamente técnicos, que al ser humano le cambian ciertas costumbres, pero continua con los mismos pecados de siempre sin mejorar un ápice, que sería lo propio si hablamos de los adelantos del hombre.
La segunda cuestión es que en cada cambio no todo lo nuevo es rabiosamente mejor, y que todo lo que vamos dejando atrás olvidado, cuando no despreciado, era peor.
De una cosa podemos estar seguros. Los cambios que se avecinan con estos adelantos serán enormes, y creo que los jóvenes de hoy, a no tardar hasta pensarán distinto, y creo que todos desearíamos que fuera para mejor.
Cuando aparecieron los primeros adelantos técnicos, la gente asumía la novedad sin ser consciente del cambio que originaba en su vida. Nuevos hábitos que, sin pretenderlo iban desplazando a los antiguos.
Cuando se popularizó el teléfono, por ejemplo, la transmisión de mensajes redujo muchas caminatas, habituales y necesarias hasta entonces. El cine trajo un cambio enorme en el modo de distraerse, aparte de los conocimientos que se adquirían con pasmosa facilidad.
La facilidad de viajar no queda ajeno a estos adelantos.
Qué diremos de la televisión; de esa ventana abierta al mundo, que desde un principio todo el mundo hablaba de revolución social.
Y ahora tenemos el movil e internet, con tendencia a unificarse.
Adelantos que hemos de reconocer que han cambiado el mundo.
Dos cosas, sin embargo, me llaman la atención de todo lo conseguido. La primera es que los adelantos son exclusivamente técnicos, que al ser humano le cambian ciertas costumbres, pero continua con los mismos pecados de siempre sin mejorar un ápice, que sería lo propio si hablamos de los adelantos del hombre.
La segunda cuestión es que en cada cambio no todo lo nuevo es rabiosamente mejor, y que todo lo que vamos dejando atrás olvidado, cuando no despreciado, era peor.
De una cosa podemos estar seguros. Los cambios que se avecinan con estos adelantos serán enormes, y creo que los jóvenes de hoy, a no tardar hasta pensarán distinto, y creo que todos desearíamos que fuera para mejor.
lunes, 22 de marzo de 2010
VIDAS PARALELAS
Unos señores mayores, sentados alrededor de una mesa en un café de Madrid, hablaban sobre los temas más diversos. Las opiniones diferían, aunque la conversación nunca salía de tono, y sentado muy cerca, yo leía el periódido sin poner atención a sus discusiones, hasta que oí decir a uno de ellos un comentario que alertó mi curiosidad.
Se trataba sobre el cumpleaños de su majestad el rey don Juan Carlos, celebrado unos días antes, y este buen hombre resaltaba que también él cumplía los mismos años y en el mismo día. Creo que añadió que hasta coincidían en la la hora de haber venido al mundo.
De esto último no estoy muy seguro, porque fue a partir de ahí cuando puse atención a su comentario.
El tono que empleaba el hombre era de lamento, al menos me lo parecía, y aunque siempre guardando las formas, venía a decir algo así como qué vida la del monarca frente a la suya. Él había tenido que trabajar toda la vida, desde los doce años, para haber llegado a la vejez bastante molido, con unos pírricos ahorros y una pensión de risa, mientras que el rey había caminado sobre alfombra roja toda su vida, su fortuna era cuantiosa y había tenido ocasión de aprender diversos deportes...
No lo mencionó el hombre, pero el tono triste que empleaba dejaba bien a las claras su opinión de que en la sociedad continua habiendo diferencias injustificables. Por mucho que, a la trágala, se empeñen en hacernos creer que vivimos en un mundo ejemplar.
Esa fue la impresión que me quedó, aunque tal vez el hombre, después de tantos años tenía asumida su situación.
Se trataba sobre el cumpleaños de su majestad el rey don Juan Carlos, celebrado unos días antes, y este buen hombre resaltaba que también él cumplía los mismos años y en el mismo día. Creo que añadió que hasta coincidían en la la hora de haber venido al mundo.
De esto último no estoy muy seguro, porque fue a partir de ahí cuando puse atención a su comentario.
El tono que empleaba el hombre era de lamento, al menos me lo parecía, y aunque siempre guardando las formas, venía a decir algo así como qué vida la del monarca frente a la suya. Él había tenido que trabajar toda la vida, desde los doce años, para haber llegado a la vejez bastante molido, con unos pírricos ahorros y una pensión de risa, mientras que el rey había caminado sobre alfombra roja toda su vida, su fortuna era cuantiosa y había tenido ocasión de aprender diversos deportes...
No lo mencionó el hombre, pero el tono triste que empleaba dejaba bien a las claras su opinión de que en la sociedad continua habiendo diferencias injustificables. Por mucho que, a la trágala, se empeñen en hacernos creer que vivimos en un mundo ejemplar.
Esa fue la impresión que me quedó, aunque tal vez el hombre, después de tantos años tenía asumida su situación.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)