Que somos un pueblo poco cívico creo que está en la conciencia de todos nosotros. Lo sabemos, pero no sé si lo asumimos. Y como creemos que de ese modo vivimos más cómodos, pocos hacemos algo por cambiar. Es el individualismo frente a la colectividad.
Sin embargo, creo que eso es un lastre para la convivencia, porque para que vayan las cosas bien necesitamos constantemente un policía detrás de cada uno de nosotros. Piense usted, si no, en los frenazos que se producen en la carretera cuando al frente se vislumbra un coche patrulla de la G.C.
Y así en otras muchas cosas. Vamos por la vida a nuestro aire, infringiendo constantemente reglas de convivencia, a veces hasta con el sentimiento de culpabilidad sobre nuestra conciencia porque sabemos que actuamos mal, y en vez de privarnos de hacer esa acción que nos hace sentir mal, no obstante decidimos hacerlo, con la esperanza que no nos pillen...
Nos hemos habituado a hacer lo que nos place sin reparar si con ello incordiamos al que va delante, al vecino o al que pasa por nuestro lado. Solamente nos preocupa ser descubiertos, y encima, si nos pillan aún increpamos a quien nos recrimina la mala acción.
Tal vez para muchos sea un consuelo pensar que no hay mala intención en ese proceder o a lo mejor todavía los hay que defienden que eso es tener salero, vaya usted a saber. Cuanquier justificación, no le demos vueltas, no se justifica.
Convivir exige una constante cesión, en lo privado y en lo público, y quien no lo entienda así, tal vez le vendría bien pasar por la escuela de la humildad.
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jueves, 4 de marzo de 2010
CRISIS
Por fin hasta el gobierno reconoce que encima de nosotros, sobre nuestras espaldas tenemos una crisis, y hasta admite que es profunda, que nos agobia, y que hay que hacer algo para superarla.
Ya lo decía aquel que estando en el patíbulo a punto de sucumbir, le llegó la orden de anulación de la sentencia: más vale tarde que nunca. Pues, eso.
Y una vez diagnosticada la enfermedad, el remedio. Aquí todos están de acuerdo, gobierno y oposición,(¡Ah, por una vez!)...en que hay que hacer algo. Pero solo en eso, en que hay que hacer algo.
Pero no seamos incrédulos que al parecer lo dicen en serio. Al menos es lo que podemos pensar, a juzgar por las propuestas que plantean. Todos están dispuestos a hacer algo, lo que haga falta. Y ponen remedios encima de la mesa.
Iluso. Pronto se acaba la alegría en casa del pobre, porque ellos están dispuestos a todo siempre y cuando no les merme el bolsillo. ¿Ha oído usted entre las tantas propuestas que plantean, que ellos podrían reducirse el sueldo, por ejemplo, un 30%, quizá un 20%, un pírrico 10%, siquiera un 5%? Nada.
¿O prescindir de alguna de sus tantas bonificaciones? Nada.
Y el caso es que ellos lo podrían hacer, ellos que disfrtuan de ingresos tan elevados que por vergüenza se lo callan, y no los que con mil euros al mes (que me perdonen los que ingresan menos) se las ven y se las desean para subsistir.
Entonces, ¿la crisis...? Calla y no alborotes, a ver si entretanto escampa y podemos decir que gracias a nuestro esfuerzo...
Ya lo decía aquel que estando en el patíbulo a punto de sucumbir, le llegó la orden de anulación de la sentencia: más vale tarde que nunca. Pues, eso.
Y una vez diagnosticada la enfermedad, el remedio. Aquí todos están de acuerdo, gobierno y oposición,(¡Ah, por una vez!)...en que hay que hacer algo. Pero solo en eso, en que hay que hacer algo.
Pero no seamos incrédulos que al parecer lo dicen en serio. Al menos es lo que podemos pensar, a juzgar por las propuestas que plantean. Todos están dispuestos a hacer algo, lo que haga falta. Y ponen remedios encima de la mesa.
Iluso. Pronto se acaba la alegría en casa del pobre, porque ellos están dispuestos a todo siempre y cuando no les merme el bolsillo. ¿Ha oído usted entre las tantas propuestas que plantean, que ellos podrían reducirse el sueldo, por ejemplo, un 30%, quizá un 20%, un pírrico 10%, siquiera un 5%? Nada.
¿O prescindir de alguna de sus tantas bonificaciones? Nada.
Y el caso es que ellos lo podrían hacer, ellos que disfrtuan de ingresos tan elevados que por vergüenza se lo callan, y no los que con mil euros al mes (que me perdonen los que ingresan menos) se las ven y se las desean para subsistir.
Entonces, ¿la crisis...? Calla y no alborotes, a ver si entretanto escampa y podemos decir que gracias a nuestro esfuerzo...
miércoles, 3 de marzo de 2010
EL PROGRESO
Está claro que en la sociedad se asentó durante muchísimos años la expresión "la derecha" y "la izquierda", tirando éstos últimos en la actualidad más a definirse progresistas.
"La derecha" era solamente la contraposición de "la izquierda". Eran los que se sentaban en la parte derecha del parlamento francés durante las primeras sesiones tras la revolución francesa, por lo tanto ya entonces era más cuestión de colocación en el anfiteatro que de ideología, aunque ésta venía acompañada de los que ocupaban dichos escaños.
Pero en el transcurso del tiempo la idea quedá grabada a fuego de que "la izquierda" era quien defendía a los desprotejidos. ¡Ay, qué ilusos son los humildes! Porque todavía hoy siguen creyéndolo.
Pero al margen de todo eso, yo creo, sinceramente, que lo que significó "la izquierda" muy al principio, dejó de tener valor alguno muy pronto, porque, vamos a ver, ¿se ocupan más los que así se hacen llamar que los otros por los humildes? O dicho de otra manera, ¿no son éstos, como los otros, los que van corriendo detrás de los banqueros, multimillonarios, ricachones, intentando hacerse un hueco entre ellos, y hacer el pino si es necesario para ser bien acogidos en sus círculos?
Por eso prefieren llamarse progresistas, palabra mágica que reafirma (a los que ya están convencidos, principalmente) de que el progreso lo traen ellos de su mano. Y al mismo tiempo alejarse de aquel palabro "la izquierda", que muchos ya casi se avergüenzan de pronunciarla.
Y cuando es necesario, al menos una vez al año, muy a su pesar y haciendo de tripas corazón, acuden a la celebración de la fiesta obrera, para que los incautos continuen creyendo que éstos son sus salvadores.
Así nos va.
"La derecha" era solamente la contraposición de "la izquierda". Eran los que se sentaban en la parte derecha del parlamento francés durante las primeras sesiones tras la revolución francesa, por lo tanto ya entonces era más cuestión de colocación en el anfiteatro que de ideología, aunque ésta venía acompañada de los que ocupaban dichos escaños.
Pero en el transcurso del tiempo la idea quedá grabada a fuego de que "la izquierda" era quien defendía a los desprotejidos. ¡Ay, qué ilusos son los humildes! Porque todavía hoy siguen creyéndolo.
Pero al margen de todo eso, yo creo, sinceramente, que lo que significó "la izquierda" muy al principio, dejó de tener valor alguno muy pronto, porque, vamos a ver, ¿se ocupan más los que así se hacen llamar que los otros por los humildes? O dicho de otra manera, ¿no son éstos, como los otros, los que van corriendo detrás de los banqueros, multimillonarios, ricachones, intentando hacerse un hueco entre ellos, y hacer el pino si es necesario para ser bien acogidos en sus círculos?
Por eso prefieren llamarse progresistas, palabra mágica que reafirma (a los que ya están convencidos, principalmente) de que el progreso lo traen ellos de su mano. Y al mismo tiempo alejarse de aquel palabro "la izquierda", que muchos ya casi se avergüenzan de pronunciarla.
Y cuando es necesario, al menos una vez al año, muy a su pesar y haciendo de tripas corazón, acuden a la celebración de la fiesta obrera, para que los incautos continuen creyendo que éstos son sus salvadores.
Así nos va.
AL DIA
Últimamente se habla mucho sobre la SGAE. Y generalmente, no para alabar su función, y mucho menos para echarle flores.
Naturalmente que no todos opinan tan mal de esta organización. Solo hay que pensar en los que salen beneficiados en esa actividad.
En todo caso creo que se esta cometiendo un abuso. Se cobra indiscriminadamente, y los ingresos no se distribuyen equitativamente. Y no solamente eso, sino, ¿por qué cobrar? Y más aún, ¿por qué abonar a los autores una parte de lo recaudado? ¿Qué tendrá de más un compositor que un diseñador, un escritor que un ebanista? La mesa a la que usted se sienta a comer todos los días, la cama donde duerme cada noche, los cubiertos que usted usa todos los días, los zapatos, los vestidos, el coche... todo, todo lo que usamos continuamente ha necesitado una mano creadora, ¿por qué, entonces, algunos se crean derechos y exigen recompensas durante una eternidad, y los otros no?
Cierto que hace falta una regulación para evitar el caos. Una entidad que pueda ordenar y archivar y defender, si llega el caso, la primacía del autor de una obra, pero, ¿es necesario exprimir al consumidor por ello?
Pero como el afán recaudatorio de los que nos gobiernan es insaciable, tal vez ahora les he dado una pista y quieran también cobrarnos por hacer uso de la cama, la mesa...
Ah, ¿que ya nos lo cobran? Ya me parecía a mí...
Naturalmente que no todos opinan tan mal de esta organización. Solo hay que pensar en los que salen beneficiados en esa actividad.
En todo caso creo que se esta cometiendo un abuso. Se cobra indiscriminadamente, y los ingresos no se distribuyen equitativamente. Y no solamente eso, sino, ¿por qué cobrar? Y más aún, ¿por qué abonar a los autores una parte de lo recaudado? ¿Qué tendrá de más un compositor que un diseñador, un escritor que un ebanista? La mesa a la que usted se sienta a comer todos los días, la cama donde duerme cada noche, los cubiertos que usted usa todos los días, los zapatos, los vestidos, el coche... todo, todo lo que usamos continuamente ha necesitado una mano creadora, ¿por qué, entonces, algunos se crean derechos y exigen recompensas durante una eternidad, y los otros no?
Cierto que hace falta una regulación para evitar el caos. Una entidad que pueda ordenar y archivar y defender, si llega el caso, la primacía del autor de una obra, pero, ¿es necesario exprimir al consumidor por ello?
Pero como el afán recaudatorio de los que nos gobiernan es insaciable, tal vez ahora les he dado una pista y quieran también cobrarnos por hacer uso de la cama, la mesa...
Ah, ¿que ya nos lo cobran? Ya me parecía a mí...
martes, 2 de marzo de 2010
AL DIA
La noticia, que ya no lo es tanto, es que sube el paro.
Los que gobiernan la nave, no obstante, lanzan las campanas al vuelo, porque la cifra se ha reducido a la mitad del mismo mes del año pasado, cuyas cifras, aseguran, ya no volverán a repetirse. ¡Oiga, y no se sonrojan!
A mí me da que pensar que estos tíos siempre pintan un futuro encantador, mientras que el presente, ¡cachis, qué casualidad! siempre pinta negro. Ahora bien, no se alarmen ustedes, que palabras no faltan para asegurarle que la bonanza y el final de toda miseria está a la vuelta de la esquina.
Me recuerda aquel anuncio que decía: "Hoy no se fía, mañana sí".
Y sus gritos de victoria por haber reducido tanto el número de esas víctimas que diriamente van engrosando la fatídica lista de parados, nos hace creer que la realidad es todo lo contrario de lo que habíamos entendido. Y el español medio que es muy largo, no se deja engañar tan facilmente (principalmente los que tiran de la misma cuerda) y se queda convencido de que el paro va a menos. O sea, que su opinión de que el capitán nos lleva por buen camino no ha cambiado.
¿Qué sentirán los parados cuando se ven rebajados a la condición de número de estadística sin que, por lo que se demuestra, nadie piensa el calvario por el que están pasando?
Los que gobiernan la nave, no obstante, lanzan las campanas al vuelo, porque la cifra se ha reducido a la mitad del mismo mes del año pasado, cuyas cifras, aseguran, ya no volverán a repetirse. ¡Oiga, y no se sonrojan!
A mí me da que pensar que estos tíos siempre pintan un futuro encantador, mientras que el presente, ¡cachis, qué casualidad! siempre pinta negro. Ahora bien, no se alarmen ustedes, que palabras no faltan para asegurarle que la bonanza y el final de toda miseria está a la vuelta de la esquina.
Me recuerda aquel anuncio que decía: "Hoy no se fía, mañana sí".
Y sus gritos de victoria por haber reducido tanto el número de esas víctimas que diriamente van engrosando la fatídica lista de parados, nos hace creer que la realidad es todo lo contrario de lo que habíamos entendido. Y el español medio que es muy largo, no se deja engañar tan facilmente (principalmente los que tiran de la misma cuerda) y se queda convencido de que el paro va a menos. O sea, que su opinión de que el capitán nos lleva por buen camino no ha cambiado.
¿Qué sentirán los parados cuando se ven rebajados a la condición de número de estadística sin que, por lo que se demuestra, nadie piensa el calvario por el que están pasando?
AL DIA
Escuchaba en una tertulia de café a un señor mayor decir cosas que yo, entonces, no podía comprender. Era aquella una época que la gente respiraba esperanza, ilusión... y se hacían proyectos. O sea, no había motivos para pensar que se pudiera acabar así como así ese bienestar que disfrutábamos. Y yo, joven e inexperto, casi me reía de sus advertencias.
Aquel hombre no empleaba un tono amenazante cuando hablaba. Solamente reseñaba los cambios que se suceden con el paso del tiempo, y que nada es duradero, y que todo se reduce a la alternancia de los ciclos que se repiten constantemente. Y hacía la comparación de la vida con un carrusel, que unas veces estamos arriba y otras estamos abajo.
A pesar de mi ignorancia, en el aspecto individual reconocía que tenía razón. Pero es que el hombre no se refería al individuo cuyo estado de ánimo es cambiante continuamente, sino que venía a decir que, mirando la historia en su conjunto, las épocas de bonanza son tan efímeras como las depresivas.
Tuvieron que pasar algunos años para que yo comprendiera lo que nos quería transmitir. En aquel entonces yo no podía imaginarme que la bonanza podría acabarse algún día, por eso tomaba a guasa sus recomendaciones de estar alerta, que la depresión podría llegar cuando menos lo esperásemos.
Parecía imposible, pero la bonanza quedó en el olvido, ¡y cómo! Hoy parece que sea historia. Y supongo que como a mí, habrá pillado a otros muchos con el paso cambiado.
Probablemente, aquel hombre estaría hoy, con su filosofía de los ciclos, aconsejándonos no desfallecer, que confiáramos, que ahora nos tocaba estar abajo, pero que eso no es eterno.
Aquel hombre no empleaba un tono amenazante cuando hablaba. Solamente reseñaba los cambios que se suceden con el paso del tiempo, y que nada es duradero, y que todo se reduce a la alternancia de los ciclos que se repiten constantemente. Y hacía la comparación de la vida con un carrusel, que unas veces estamos arriba y otras estamos abajo.
A pesar de mi ignorancia, en el aspecto individual reconocía que tenía razón. Pero es que el hombre no se refería al individuo cuyo estado de ánimo es cambiante continuamente, sino que venía a decir que, mirando la historia en su conjunto, las épocas de bonanza son tan efímeras como las depresivas.
Tuvieron que pasar algunos años para que yo comprendiera lo que nos quería transmitir. En aquel entonces yo no podía imaginarme que la bonanza podría acabarse algún día, por eso tomaba a guasa sus recomendaciones de estar alerta, que la depresión podría llegar cuando menos lo esperásemos.
Parecía imposible, pero la bonanza quedó en el olvido, ¡y cómo! Hoy parece que sea historia. Y supongo que como a mí, habrá pillado a otros muchos con el paso cambiado.
Probablemente, aquel hombre estaría hoy, con su filosofía de los ciclos, aconsejándonos no desfallecer, que confiáramos, que ahora nos tocaba estar abajo, pero que eso no es eterno.
lunes, 1 de marzo de 2010
AL DIA
Siempre he considerado que eso de trabajar en dos o tres sitios a la vez es muy español. Lo que contradice esa fama que no sé quien ni cuando, puso en órbita asegurando que nosotros los españoles somos perezosos.
Ahora bien, otra cosa es que los resultados sean cualitativamente aceptables, porque si ya es difícil hacer una cosa bien, cuánto más no será hacer varias a la vez.
En el caso de los diputados hoy nos enteramos de las aficiones extraparlamentarios de estos personajes. Aficiones bien remuneradas todas ellas se entiende, claro, ya que esta tropa no mueve un dedo así como así. Y resulta que no hay uno que no tenga sus apaños en un sitio u otro.
Digo yo que será porque el salario no les llega hasta final de mes, y necesitan de alguna que otra ayuda. Puede ser también porque en el trabajo oficial no se cansan gran cosa y... pero lo más seguro es que sean las dos cosas, que es lo que se ha dicho siempre de los funcionarios: no pagan mucho, pero no te exigen gran cosa.
Ah, me advierte mi amigo que eso era solo para los funcionarios de bajos sueldos, no para esos otros.
En cualquier caso me pregunto si eso será justo, aunque supongo que al menos no irán contra la ley, puesto que la hacen ellos... O sea, yo me lo guiso y yo me lo como, dice mi amigo.
No obstante, si justo o no justo, está la otra vara de medir que no siempre va a la par con la legal, que es la moral, la que levanta ampollas, la que hace sonrojar a las personas honradas, es decir, por comportamientos por los que nunca irán a la cárcel, es cierto, pero que chirrían a los oídos y humedecen los ojos de los humildes.
Porque también hoy nos hemos enterado del sueldazo que perciben cada mes estos diputados, además de beneficios y primas por distancia, por llegar a su hora, por no dormirse en la sala, por apretar el botón correcto en las votaciones, por puntos, por comas...
Unos sacrificados.
Eso.
Ahora bien, otra cosa es que los resultados sean cualitativamente aceptables, porque si ya es difícil hacer una cosa bien, cuánto más no será hacer varias a la vez.
En el caso de los diputados hoy nos enteramos de las aficiones extraparlamentarios de estos personajes. Aficiones bien remuneradas todas ellas se entiende, claro, ya que esta tropa no mueve un dedo así como así. Y resulta que no hay uno que no tenga sus apaños en un sitio u otro.
Digo yo que será porque el salario no les llega hasta final de mes, y necesitan de alguna que otra ayuda. Puede ser también porque en el trabajo oficial no se cansan gran cosa y... pero lo más seguro es que sean las dos cosas, que es lo que se ha dicho siempre de los funcionarios: no pagan mucho, pero no te exigen gran cosa.
Ah, me advierte mi amigo que eso era solo para los funcionarios de bajos sueldos, no para esos otros.
En cualquier caso me pregunto si eso será justo, aunque supongo que al menos no irán contra la ley, puesto que la hacen ellos... O sea, yo me lo guiso y yo me lo como, dice mi amigo.
No obstante, si justo o no justo, está la otra vara de medir que no siempre va a la par con la legal, que es la moral, la que levanta ampollas, la que hace sonrojar a las personas honradas, es decir, por comportamientos por los que nunca irán a la cárcel, es cierto, pero que chirrían a los oídos y humedecen los ojos de los humildes.
Porque también hoy nos hemos enterado del sueldazo que perciben cada mes estos diputados, además de beneficios y primas por distancia, por llegar a su hora, por no dormirse en la sala, por apretar el botón correcto en las votaciones, por puntos, por comas...
Unos sacrificados.
Eso.
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